Catamarán de Essence Sailing navegando a vela en Baleares

Lo que nos mueve

Una forma de vida, no solo un negocio

Essence Sailing nace de trece años trabajando a bordo, de un amor profundo por el mar y del compromiso real de dejar en él la menor huella posible.

Capitán preparando el barco a primera hora en el puerto

De dónde venimos

Antes de que existiera el nombre existía la costumbre: levantarse temprano, mirar el parte, preparar el barco y salir. Trece años gestionando y capitaneando embarcaciones en el Mediterráneo, con temporadas también en Bahamas y St. Maarten, dan para acumular millas, pero sobre todo dan para entender qué hace que un día en el mar sea bueno.

No hemos trabajado solo de capitanes. También hemos gestionado flotas y hemos sido brókers de alquiler de barcos de todo tipo, así que hemos tocado el negocio por todos sus lados: el del que navega, el del que administra y el del que vende. Después de ver las tres caras, decidimos quedarnos con una: alquilar barcos y aplicarles nuestro toque de esencia, que es lo que de verdad nos hace felices.

Casi nunca es el barco. Es que todo esté pensado antes de que subas: el hielo hecho, la ruta decidida con la meteorología del día, el fondeadero elegido porque a esa hora estará tranquilo y no porque salga en las guías. Ese trabajo invisible es, en realidad, todo el trabajo.

Y hay una parte que no aparece en ningún organigrama: queremos que nuestros clientes acaben siendo amigos y compañeros con los que compartir aventuras. Queremos que esto sea nuestra forma de vida, con lo personal y lo profesional entremezclados, porque lo disfrutamos y nos encanta.

Cambio de filtro en la sala de máquinas, con el cuaderno de mantenimiento abierto

Por qué preparamos los barcos de uno en uno

Empecemos por lo honesto: esto es egoísmo profesional. Un patrón disfruta de su trabajo en la misma medida en que está seguro de su barco. Si sales a navegar sabiendo que no te va a fallar, porque está bien mantenido y porque lo conoces, estás tranquilo, tienes una temporada tranquila y disfrutas. Y cuando llega el cliente sabes que le estás invitando a tu casa, casi a tu templo.

Cuando el barco falla pasa lo contrario: tensión, incomodidad y un día que ya no se recupera. Desde nuestra experiencia como capitanes, que un barco falle no entra en nuestros planes. Lo queremos evitar por nosotros y por quien trabaja con nosotros, porque sabemos de primera mano lo que se sufre siendo profesional cuando las cosas no están como deberían.

No gestionamos una flota enorme y no queremos hacerlo. Preparamos cada barco de uno en uno, con cariño y sin prisas, porque es la única forma de conocerlo de verdad: saber qué ruido hace cuando algo no va, qué consume realmente, cómo se comporta con mar de proa.

Ese conocimiento es lo que después se nota a bordo. Un patrón que conoce su barco no improvisa, anticipa. Y anticipar es lo que convierte una jornada de navegación en algo cómodo en lugar de en una sucesión de imprevistos.

Dos capitanes al timón durante la formación a bordo

La tripulación se forma navegando

Tenemos además un curso interno, redactado entre varios capitanes con muchos años a las espaldas, donde hemos desgranado qué queremos que sepa hacer un capitán nuestro. Por un lado, cómo reaccionar en una emergencia, que es justo lo que casi nunca se entrena en la náutica de recreo. Por otro, y no es menos importante, cómo queremos que sea un día normal.

Porque un capitán tenso se nota, y arruina el día aunque todo salga bien. Buscamos justo lo contrario: gente relajada que al mismo tiempo da un servicio atento y cercano, como lo daría con su propia familia, queriendo dar lo mejor. Eso también se entrena.

A nuestros capitanes los formamos navegando juntos. No hay manual que sustituya a estar al lado de alguien cuando cambia el viento, cuando hay que decidir si se sale o no, o cuando un invitado se marea y hay que resolverlo sin que el día se estropee.

Buscamos gente que cuide el barco como si fuera suyo y que trate a quien sube como a un invitado en su casa, no como a un cliente en un servicio. Es una diferencia difícil de explicar en una web y muy fácil de notar a bordo.

Catamarán fondeado sobre un claro de arena entre praderas de posidonia

El mar no es un decorado

Vivimos de un sitio que se está desgastando, y eso obliga. Fondeamos siempre sobre arena, nunca sobre posidonia, y usamos boya donde la hay. No dejamos nada en el agua. Bajamos la música en las calas pequeñas y en los parques naturales, aunque nadie nos esté mirando.

No lo contamos como una campaña de marketing: lo contamos porque las praderas que hacen que el agua de Ibiza y Formentera se vea así tardan décadas en recuperarse de un mal fondeo. Si queremos seguir enseñando esto dentro de veinte años, la cuenta sale sola.

Dos miembros del equipo revisando el estado del barco en el pantalán

Transparencia, en lo bueno y en lo incómodo

Como capitanes hemos aprendido algo que se ve poco desde una oficina: cuando lo que se le ha contado a un cliente no era verdad, quien se come el problema es la persona que está con él a bordo. El capitán y la tripulación. Nosotros no consideramos que el negocio consista en decir verdades a medias para que alguien alquile un barco.

Así que decimos lo que hay. Si no es buen momento para alquilar, lo decimos. Si para lo que quieres hacer te encaja mejor un barco más pequeño, o más grande, también. Queremos alquilar nuestros barcos, pero nos va bien y no necesitamos tirar de esas cosas. Al final volvemos a lo mismo: queremos clientes que acaben siendo amigos, y a un amigo no se le vende humo.

Contamos lo que hay. Si un restaurante famoso tiene malas reseñas, lo decimos antes de reservarlo. Si el parte no acompaña, proponemos cambiar la ruta o la fecha en lugar de salir igualmente y que el día sea regular. Si algo se rompe, se dice, se documenta y se arregla.

Para los armadores que nos confían su barco, eso se traduce en reportes de estado con fotos, informes detallados y ninguna sorpresa en la factura. Preferimos una conversación incómoda a tiempo que un cliente decepcionado al final.

En qué se traduce todo esto

Los invitados, no los clientes

Quien sube al barco es un invitado. Eso cambia cómo se recibe, cómo se explica y cómo se despide.

Clientes que acaban siendo amigos

El objetivo no es cerrar una reserva, es que el año que viene decidamos juntos adónde vamos.

Los barcos, como hogares

Cuidamos cada embarcación como si fuera nuestra, esté o no navegando ese día.

Un barco que no falla

Mantenimiento preventivo por egoísmo profesional: un patrón tranquilo hace mejor su trabajo.

Capitanes formados por capitanes

Curso interno propio: emergencias, y también cómo debe sentirse un día normal a bordo.

El día, a medida

No hay ruta de catálogo. Se decide con el parte de la mañana y con lo que te apetezca.

La verdad, aunque incomode

Si no es tu momento o te encaja otro barco, te lo decimos. No vendemos humo a un amigo.

Sin letra pequeña

Precios claros, extras dichos de antemano y ninguna sorpresa al final del día.

Quién está al timón

Diego de la Viña

Diego de la Viña

Capitán y fundador

+34 665 792 955
Edgar Grau

Edgar Grau

Capitán y bróker

Mirko Abbruzzese

Mirko Abbruzzese

Capitán

Luana Estrela

Luana Estrela

Abogada · Legal y administración

¿Te vienes?

Si has llegado hasta aquí, probablemente busques lo mismo que nosotros: un día de mar bien hecho, sin prisa y sin ruido. Cuéntanos qué tienes en mente y lo montamos.

Hablar con nosotros

¿Montamos tu día?

Cuéntanos qué te apetece y diseñamos la ruta a partir de ahí, con patrón y tripulación incluidos.

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