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Delivery navegando o en buque de transporte: cómo se elige

Cuando un armador necesita mover su barco entre dos puertos lejanos, la conversación suele empezar por el precio y debería empezar por otra pregunta: ¿este barco tiene que hacer estas millas? Porque hay dos formas de llevarlo, y la diferencia entre ellas no es solo lo que cuesta.

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Buque semisumergible de transporte con la cubierta de carga a flor de agua

Foto de Trip2zh · CC BY-SA 3.0

Qué cambia de verdad entre una cosa y la otra

Navegando, el barco hace el trayecto con su tripulación a bordo. Consume combustible, acumula millas y horas de motor, y sufre el desgaste normal de una travesía: filtros, impulsores, correas, jarcia, velas, obra viva. A cambio no depende de nadie más: la fecha de salida la decide la meteorología y el capitán, y no hay que encajar el barco en el hueco que deje otro.

En un buque de transporte el barco viaja como carga. No enciende motores, no suma millas y no se expone a un temporal en mitad de una travesía. A cambio deja de mandar sobre su propio calendario: hay rutas concretas, puertos concretos, fechas de carga concretas y un espacio disponible que puede estar vendido con meses de antelación.

Dicho de otra forma: navegando compras flexibilidad y pagas con desgaste; embarcando compras conservación y pagas con rigidez de calendario.

Cuándo compensa navegarlo

En la mayoría de trayectos dentro del Mediterráneo, entre Baleares y la península, o hacia y desde Canarias, navegar es la opción razonable. Son distancias que un barco bien preparado cubre en días, con escalas posibles si hace falta, y el coste de embarcar no se justifica.

También compensa cuando el barco necesita rodaje: después de un refit, de un cambio de motor o de un invierno largo parado, una travesía con tripulación profesional a bordo es la mejor prueba de esfuerzo que existe, y se hace vigilada, con repuestos a bordo y con puertos de refugio identificados.

Y compensa cuando la fecha tiene margen. Si el armador puede esperar unos días a que se abra una ventana meteorológica decente, navegar deja de ser un riesgo y pasa a ser simplemente logística.

Cuándo compensa embarcarlo

En distancias muy largas —cruzar un océano, ir del Mediterráneo al Índico o al Pacífico— el cálculo cambia. Semanas de navegación significan semanas de tripulación, combustible, escalas y desgaste, y a partir de cierto punto embarcar sale más barato en dinero y mucho más barato en riesgo.

También compensa con barcos que no están hechos para hacer millas: motoras rápidas de poca autonomía, embarcaciones de planeo, barcos muy nuevos cuyo propietario no quiere estrenar el motor con doscientas horas de golpe, o unidades de altísimo valor cuya exposición al mar abierto no interesa asumir.

Y compensa cuando la fecha es innegociable de verdad: una entrega comprometida, un salón náutico, una temporada de charter que empieza un día concreto. Un buque no espera al buen tiempo, pero tampoco lo necesita.

Lo que casi nadie mete en la comparación

La factura del traslado no es el coste total, y aquí es donde la mayoría de decisiones se toman con la información equivocada.

Del lado de navegar hay que sumar el combustible real —no el teórico—, los amarres y las tasas de las escalas, los viajes de la tripulación hasta el puerto de origen y de vuelta desde el destino, el mantenimiento que toque después de la travesía y, sobre todo, las horas de motor. En la reventa, un motor con muchas horas se descuenta del precio del barco: esa depreciación es un coste real aunque no aparezca en ninguna factura.

Del lado de embarcar hay que sumar la maniobra de carga y descarga, la cuna o los soportes si el barco los necesita, el desmontaje y remontaje de lo que no puede viajar montado, la estancia en el puerto de carga si hay que esperar al buque, y el seguro específico para el transporte como carga, que no es el mismo que el de navegación.

Solo cuando están las dos columnas completas se puede comparar de verdad.

La tercera vía: por carretera

Para esloras pequeñas y medias, y sobre todo entre puntos de un mismo continente, el camión es a menudo la respuesta más simple y más barata. Aquí manda el gálibo: anchura, altura total sobre la cuna, peso y si hace falta permiso de transporte especial.

Un barco que pasa sin permisos especiales viaja rápido y barato. Uno que necesita escolta, ruta autorizada y horarios restringidos puede acabar costando más que un flete marítimo. La eslora orienta, pero es la manga la que suele decidir.

Cómo lo planteamos nosotros

Cuando nos llega una consulta de traslado no damos por hecho la vía. Miramos el barco —autonomía, velocidad de crucero, estado de mantenimiento, valor—, la ruta, la época del año y el margen de fechas, y decimos con qué opción tiene sentido empezar.

Si la respuesta es navegar, lo hacemos nosotros con tripulación profesional a bordo. Si la respuesta es embarcar, lo decimos aunque signifique que el trabajo no sea para nosotros: preferimos eso a meter un barco en una travesía que no le convenía.

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Preguntas frecuentes

¿Cuántas horas de motor suma un delivery navegando?

Depende del barco y de si es de vela o de motor. Una regla útil: divide la distancia entre la velocidad de crucero real y añade un margen del veinte por ciento por escalas, maniobras y tramos a motor. En un velero de crucero medio, un trayecto de mil millas suele moverse entre ciento veinte y ciento ochenta horas.

¿El seguro del barco cubre igual las dos opciones?

No. Navegando aplica la póliza de navegación, que suele limitar zonas, meses del año y número mínimo de tripulantes. Viajando como carga entra en juego la cobertura del transporte, con condiciones propias y responsabilidades repartidas entre armador y naviera. En los dos casos hay que confirmarlo por escrito antes, no darlo por hecho.

¿Puedo ir a bordo si el barco se traslada navegando?

En algunos traslados sí, y a algunos armadores les compensa: es la mejor forma de conocer su propio barco en condiciones reales y de aprender de la tripulación. Se decide caso por caso, según la ruta, el barco y las plazas disponibles.

¿Cuánto se tarda en embarcar un barco en un buque?

La maniobra de carga suele ser cuestión de horas, pero el plazo real lo marca el calendario de la naviera: las rutas son estacionales y el espacio se reserva con antelación. Lo prudente es plantearlo con semanas o meses de margen, no con días.

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